La agricultura a medio tiempo como forma de acumulación originaria

 

La indefinición de las clases sociales en el agro pasa por la ausencia de transformaciones estructurales, lo que permite al campesino optar estrategias de acumulación originaria que no sobrepasan los límites de la acumulación capitalista debido a su atraso estructural.
Esta situación empuja al campesino de hoy a adoptar una estrategia familiar que permita esa acumulación inicial: dedicar el menor tiempo posible a la agricultura familiar, ampliar el resto de los tiempos en actividades económicas extraordinarias y, que estas actividades permitan ampliar ingresos.
A este tipo de productores se ha denominado campesinos a medio tiempo en relación al calendario agrícola.
La familia de Julián Villca, de la provincia Aroma, ligada a la ciudad intermedia de Patacamaya es una experiencia ilustrativa de esta dinámica económica y social. Produce papa, para ello rotura la tierra, hace barbecho, prepara la tierra, requiere insumos agrícolas, siembra y finalmente cultiva.
Villca vive en su comunidad pero realiza sus actividades económicas en dos ámbitos locales: en febrero de cada año, durante dos semanas él rotura la tierra, el resto de su tiempo trabaja como transportista desde Patacamaya a otras comunidades aledañas, combinando este oficio con otras actividades menores. Entre tanto, la esposa y los hijos quedan al cuidado de las cinco vacas lecheras que posee y que diariamente producen 45 litros de leche, los cuales venden a la empresa PIL.
Con esta forma de distribución de tiempos se ha profundizado la división social del trabajo familiar orientada a la participación en el mercado y la venta de servicios.
En el mes de marzo Villca, vuelve a remover la tierra para realizar el barbecho correspondiente y ocupa dos semanas de su tiempo en esta actividad. El resto del tiempo continúa con la actividad rutinaria del transporte en la ciudad intermedia.
Lo mismo sucede en junio, es decir, Villca vuelve al trabajo agrícola durante una semana, esta vez para la limpieza (phinch’a) y preparado de la tierra. En el mes de septiembre, Julián se prepara para el traslado de guano a las parcelas donde se efectuará la siembra del año. Junto a su esposa traslada el fertilizante en una semana (lunes a viernes) en unos fornidos burros por la geografía accidentada. Cumplida esta labor, vuelve al volante el resto del mes.
La primera semana de octubre, Julián Villca planifica la siembra con toda su familia: desde las semillas, el arado, la fuerza de trabajo familiar y los jornaleros en caso que sea necesario. La segunda semana comienza la siembra con la alegría y esperanza de obtener un buen producto.
Para un buen crecimiento y rendimiento del cultivo, tiene que realizar nuevas tareas o labores culturales del cultivo de la papa como el deshierbe y el aporque. Esta actividad le ocupa tres días, con ello habrá concluido su calendario agrícola quedando para el siguiente año las otras actividades pendientes de cosecha.
La división social del trabajo familiar obedece, fundamentalmente, al proceso de acumulación originaria de las familias campesinas lo que obliga a la familia adoptar estrategia de vida para obtener más ingresos económicos. Esta doble función económica puede inducir a la conformación de la clase media rural pero no genera una clara diferenciación social en las comunidades rurales del altiplano.
Rogers Choque es investigador de la Fundación TIERRA - Regional Altiplano

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