Investigador ve riesgos en la expansión de tierras menonitas y el cambio del uso del suelo

El crecimiento poblacional de las colonias menonitas y su capital acumulado, producto de la actividad agropecuaria, hace de este sector un potencial riesgo para la concentración de tierras a través de la compra a privados, la expansión de la frontera agrícola hacia las Tierras Comunitarias de Origen (TCO) y el cambio del uso del suelo, afirma el economista e investigador del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), Eufronio Toro.

En su estudio "Concentración y extranjerización de la tierra en el sector soyero y ganadero", inserto en la revista Mundos Rurales, el investigador advierte que si bien el fenómeno de la concentración y la extranjerización de tierras productivas --sobre todo en el oriente boliviano--, se dio en los últimos años con mucha fuerza por parte de los grandes terratenientes y empresarios brasileros, en el lado del Chaco las colonias menonitas comenzaron a expandirse junto con el aumento de su población.

"En el caso de los menonitas y particularmente en el chaco boliviano, estas colonias tienden a expandirse con la frontera agrícola por su crecimiento vegetativo a una tasa altísima, ahí en medio existen latifundios ganaderos con títulos de hasta 30.000 hectáreas y la expectativa que tienen es de vender estas tierras a los menonitas en algún momento, por eso están tumbando bosques para campos de agricultura", señala al Periódico Digital PIEB.

Según el Censo de Población y Vivienda de 2001, la comunidad menonita en Bolivia ascendía a 37.000 personas, mientras que la tasa promedio de natalidad llegó a 5,5 hijos por familia.

Sin embargo, el investigador advierte que la tendencia no sólo está en el hecho de que los menonitas compren tierras de los ganaderos, sino también en que su expansión presione a las TCOs y "con el capital que tienen podrían corromper a dirigentes, es un mecanismo que todo el mundo lo usa y es muy peligroso porque es una amenaza para los territorios indígenas".

Lo malo en todo este proceso de transición, según el investigador, está en el hecho de que los menonitas no respetan el uso de suelo y lo cambian a un sistema poco sostenible y amigable con la naturaleza y el medioambiente.

"Los soyeros son más agresivos y con mucho más superficie de tierras, cuentan con mayor capital que los menonitas que forman colonias y desarrollan una cultura donde la tenencia de la tierra es relativamente pequeña frente a los extranjeros brasileros", señala.

Los menonitas, según el estudio, acceden en promedio a superficies de tierras que oscilan entre 80 y 300 hectáreas, que luego son divididas entre las familias de la colonia, frente a grandes propietarios latifundistas que tienen hasta 30.000 hectáreas de tierras en propiedades individuales.

"Sin embargo, se los acusa (a los menonitas) porque cambian el uso del suelo; en el Chaco tumban el monte, el bosque. En cambio los ganaderos Chaqueños aprovechan el monte para alimentar al ganado", explica.

El estudio menciona que los grandes propietarios ganaderos se quedaron con superficies importantes de tierra que disputaron a las comunidades durante el proceso de saneamiento y titulación a cargo del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) hace unos años, ahora esas mismas tierras son comercializadas a menonitas.

"La presencia menonita se amplía a nuevas zonas del Chaco boliviano como Villamontes, Yacuiba, Charagua; a la Chiquitanía y al Beni. Es cierto que generan dinámicas económicas locales con la demanda de servicios de transporte, empleo temporal para la cosecha de granos, mayor producción de granos para la industria, etcétera, pero los costos sociales y ambientales no se consideran en absoluto. Circundan a estas colonias propiedades ganaderas y territorios indígenas guaraníes como Parapituguasu e Izozog", señala.

La venta de tierras a menonitas por parte de privados se realiza con excesiva facilidad, según Toro, por lo que se constituye en un buen negocio para los empresarios a la par que la mancha de tierras deforestadas crece junto con la presión hacia los territorios indígenas, con posibles distorsiones y daños a los mismos.

En ese entendido, recomienda al INRA hacer cumplir la norma vigente sobre el registro de transacciones de ventas de tierras e incluir en los documentos la nacionalidad de los compradores y vendedores, de tal forma de aprovechar el Censo Nacional Agropecuario y determinar con precisión cuánta tierra es de propiedad de extranjeros.

La Asamblea del Pueblo Guaraní planteó al Gobierno la anulación de la adjudicación de predios de tierra fiscal a extranjeros en TCO, y que se regule la venta de tierras y la inmigración de menonitas.

Según estimaciones realizadas por la Fundación TIERRA al año 2007, los brasileros concentraban el 40,3% de la superficie cultivada de soya en el departamento de Santa Cruz, seguido por los agroindustriales nacionales (28,2%); los menonitas con el 20,2%, y los japoneses con el 7,1%.

De acuerdo a datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Seguridad Alimentaria (FAO), en un periodo de 12 años, de 2000 a 2011, la superficie agrícola cultivada en el departamento de Santa Cruz creció en un 75%. Esto significó la habilitación de aproximadamente 900.000 hectáreas, llegando a un total de 2.100.000 has en 2011. Esta superficie abarca a todos los cultivos comerciales del departamento de soya, maíz, arroz, sorgo, sésamo, algodón, caña de azúcar, girasol y trigo.


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