La sorpresiva “propuesta” de Unidad Nacional

La semana pasada, Unidad Nacional (UN) sorprendió a la opinión pública con una propuesta ante lo que denomina “la nueva crisis del Estado extractivista”. La sorpresa vino por doble partida: tanto por la actitud propositiva -prácticamente nula en la oposición- como por el oportunismo de esta organización política de cuestionar el extractivismo estando liderada por un ex-empresario de la industria cementera. En un escueto documento, UN delinea una serie de medidas en diversos ámbitos de la política pública al mejor estilo “receta”, tan característico de la tecnocracia. Aunque varias de las políticas propuestas pueden interpretarse como la restauración/profundización de las lógicas de mercado en la economía, no existe ningún indicio de que su implementación represente alternativa alguna ante el extractivismo.

 

El abordaje negligente se evidencia desde el prefacio que se presenta como una suerte de diagnóstico. Más allá de las frases fáciles carentes de contenido como “puesto que la crisis nos afectará a todos, es tarea de todos proponer soluciones” o que la crisis “nos adelanta y retrocede para dejarnos siempre en el mismo lugar”, varias de las premisas y afirmaciones dan cuenta del simplismo y las contradicciones del planteamiento. Por un lado, UN denuncia que “hoy somos más dependientes que nunca de los avatares de los mercados internacionales”, pero por otro lado propone profundizar dicha dependencia cuando plantean un punto específico de fomento de las exportaciones mediante medidas desarticuladas que incluyen la normalización de relaciones con EEUU.

 

Asimismo, el crecimiento económico, según el documento, se encuentra obstaculizado a causa de la “intervención deliberada y creciente del Estado” lo que a su vez no habría permitido una “mayor participación del sector privado en el esfuerzo productivo”. De este modo, se desnuda el sesgo neoliberal de sus ideólogos que ante la fuerza de las ideas dominantes en la sociedad deben esconderse en eufemismos. Entonces, UN vuelve a recalcarnos que el descuido de la economía se soluciona dejándola bajo el cuidado del mercado. “No discutimos el liderazgo del sector público” es la afirmación que utilizan para curarse en sano de este tipo de críticas; no obstante, inmediatamente se contrasta esta premisa con una seguidilla de estadísticas cuyo único fin es el de caracterizar al Estado como ineficiente y corrupto. Como se suele decir, lo importante viene después del pero.

 

Quizás lo más lamentable no sea la superficialidad de esta propuesta sino el manejo oportunista que UN hace del debate sobre el extractivismo. En un país como el nuestro históricamente anclado a la explotación de materias primas, este es un debate por demás importante y necesario. El extractivismo tiene raíces históricas y materiales de carácter estructural que responden a dinámicas globales como la división internacional del trabajo y la nueva geopolítica multipolar del capitalismo. Un debate tan significativo y urgente no debería ser utilizado tan a la ligera para rellenar los vacíos discursivos de ciertas tiendas políticas.

 

* Investigador de Fundación TIERRA.

 

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