El modelo productivo cruceño, según Camacho y Cronenbold

Aunque el candidato del MAS se acerca a la economía popular cruceña, su propuesta de modelo productivo no difiere de los intereses que defiende Creemos.

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Después de que Creemos allanó el camino para el retorno del MAS, los camachistas cayeron en un profundo letargo, y aún seguirían adormilados si las elecciones subnacionales 2021 no estuvieran a la vuelta de la esquina. Aturdidos todavía, iniciaron la campaña electoral con el objetivo de aferrarse y replegarse a lo que algunos consideran el “premio consuelo”: la Gobernación de Santa Cruz. Creemos quedó tan golpeado, que no tiene candidatos en ningún otro departamento. La propuesta es una bandera conocida: federalismo y profundización del modelo productivo cruceño.

Aunque la élite cruceña se niega a creer que el MAS podría ganar la elección departamental por primera vez, la sombra de Mario Cronenbold tiene que haber creado malestar en el equipo camachista. La reciente encuesta de CIESMORI, ubica al exalcalde de Warnes a 2,5 puntos de Camacho. Si esta diferencia no se ensancha por encima de diez puntos porcentuales, Creemos y el MAS tendrán que verse las caras en una segunda vuelta.

La propuesta de federalismo, en esencia, sigue siendo un proyecto reaccionario en defensa de los intereses económicos de los grupos de poder regional. En parte, esta bandera, goza del apoyo de los cruceños porque los discursos dominantes se encargaron de asociar los defectos de la burocracia boliviana con el “centralismo secante”. El federalismo, es también un proyecto separatista y regionalista anti-colla, pero, al parecer, va perdiendo fuerza ante una realidad cruceña marcada por la presencia creciente de colla-cambas. Durante su accidentada carrera por la silla presidencial, el propio Camacho desahució el federalismo que ahora retoma con matices y bajo la consigna “autonomía como camino al federalismo”.

El modelo productivo que propone Camacho, gira en torno al agronegocio y la privatización de las tierras productivas. Propone levantar las restricciones a las exportaciones, luchar contra las “trabas a la utilización de biotecnología”, proteger y otorgar seguridad jurídica para las tierras de los empresarios ante las políticas nacionales de distribución de tierras y asentamientos humanos, ofrece quemas controladas, un nuevo Plan de Uso del Suelo (PLUS) para Santa Cruz, entre otras ofertas electorales. Es decir, encarna la demanda de los gremios corporativos como la CAO, CONFEAGRO, FEGASACRUZ, ANAPO y otros. El supuesto básico de este planteamiento, es que el agroextractivismo mueve a la economía departamental y los cruceños dependen, directa e indirectamente, del goteo de los recursos generados por la agricultura a gran escala.

Por su lado, Mario Cronenbold del MAS, no pone el agro en el centro del modelo cruceño, aunque sabemos que el gobierno nacional planea producir biodiesel e introducir más cultivos transgénicos. El diagnóstico que ofrece difiere de Creemos y destaca problemáticas como el desempleo, el estancamiento del sector primario-secundario y el incipiente desarrollo de industrias con valor agregado. Sin embargo, al momento de ofrecer soluciones, la propuesta se reduce a un listado de enunciados vacíos como “desarrollo agropecuario sostenible”, “relocalización de empresas en provincias”, “turismo sostenible” y otros aún más ambiguos. Cronenbold repite hasta el cansancio su lema de campaña: “trabajo pa’ la gente” y se presenta como el gran gestor con habilidades para captar recursos del gobierno nacional y así crear obras con empleos. Hace campaña electoral, haciendo de chofer de micro, estibador en los mercados populares, vendedor de boletos en la terminal de buses, vendedor de cuñapés, incluso “ripiero” extrayendo áridos en el río Piraí.

En esencia, Camacho y Cronenbold, aunque tienen en mente los mismos modelos productivos, dejan entrever las debilidades que tiene el modelo agrario. Al parecer, el agropoder no logra convencer con su propuesta productiva a los votantes para que Camacho gane de forma contundente y en primera vuelta. Se debe recordar que Rubén Costas obtuvo 59% de preferencia, frente al 31% de Rolando Borda. ¿Acaso los cruceños perciben que sus ingresos ya no gotean del agronegocio? Esta pregunta parece fuera de lugar teniendo en cuenta el aumento de las agroexportaciones en los últimos años, o la mayor cantidad de tierras desmontadas para soya y ganadería. Sin embargo, también es cierto que los sectores populares y migrantes viven de la economía informal porque, sencillamente, el modelo agrario es intensivo en maquinaria antes que en mano de obra.

La estrategia electoral de Cronenbold encarnando diversos oficios populares no sólo atrae votantes, sino que pone en duda la dependencia cruceña del agronegocio. Llamativamente, tanto el candidato del MAS, como de Creemos, no hacen campaña mostrándose como parte del modelo agroproductivo. Cronenbold no aparece conduciendo un tractor agrícola o arreando ganado vacuno en alguna hacienda de la Chiquitanía. Por su lado, Camacho tampoco se muestra operando una maquinaria agrícola, recorriendo paisajes dominados por campos de soya transgénica o sosteniendo reuniones con empresarios agropecuarios.

Ambos candidatos, proponen un modelo agrario retrógrado en términos medioambientales, uno peor que otro. Creemos planea modificar el PLUS de Santa Cruz, es decir mayor deforestación y permisividad para quemas y chaqueos. El MAS, utiliza eufemismos como “diésel ecológico” para ofrecer inversión pública en plantas de biocombustibles y compras estatales a precios subvencionados para el biodiesel. Ambas propuestas extractivas están planeadas con financiamiento del nivel central. Camacho habla de exigir un nuevo pacto fiscal para canalizar más recursos públicos hacia Santa Cruz, mientras que Cronenbold quiere lo mismo mediante su llegada directa al presidente Luis Arce.

En suma, ambos aspirantes pretenden lo mismo para el sector agrario y coinciden en que debe ser con financiamiento del nivel central, por las buenas en caso de que gane el MAS o por las malas si gana Creemos.  

 * El autor es Director de la Fundación TIERRA.