Foro Virtual Biodiésel: ¿una alternativa para Bolivia?

La inviabilidad de la matriz energética y la rentabilidad económica del nuevo proyecto gubernamental sobre el “diésel sostenible”.

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El Presidente Luis Arce anunció el 3 de marzo, la instalación de una planta de producción de biodiésel en el departamento de Santa Cruz. Si bien, la instalación de dicha planta prevé una inversión de 250 millones de dólares y estima una producción de 9.000 barriles por día, es decir, alrededor de 3.000.000 barriles por año (aproximadamente 500.000 m3 por año); es necesario analizar las implicaciones económicas, sociales y ambientales en las que se desarrollaría tal inversión.

Bajo ese contexto, la Fundación TIERRA, generó un espacio de análisis y discusión sobre los términos económicos ambientales y sociales que conlleva esta nueva inversión estatal; debido principalmente al desconocimiento sobre la rentabilidad económica y la viabilidad ambiental de los biocombustibles en general y respecto a este proyecto en particular, ya que no ha existido un debate público al respecto.

Un análisis económico y medioambiental sobre el nuevo proyecto de gobierno

El físico Francesco Zaratti y el economista Mauricio Medinaceli, especialistas en el tema de hidrocarburos, analizaron la situación bajo la lupa del impacto económico y energético, además de las implicaciones medioambientales y alternativas sostenibles al proyecto del biodiesel.

Según Medinaceli, el punto de partida del tema es la creciente demanda interna del diésel en Bolivia. El expositor indica que en 2013 se habría llegado a un punto crítico sobre el decrecimiento de la producción de petróleo crudo, la demanda de líquidos creció, sin embargo, la oferta disminuyó de sobremanera. El nudo del problema radica en el subsidio del diésel, ya que, al no existir precios de mercado sobre el mismo, se tiende a favorecer a un sector económico ya privilegiado. El economista lanzó una pregunta a todos los y las bolivianos/as sobre qué tipo de energía desean consumir; si la agroindustria favorece la utilización de diésel oil y el transporte público demanda más gasolina, existe una controversia por la búsqueda de nuevas alternativas para satisfacer las demandas.

Por otro lado, Francesco Zaratti, afirmó que la inversión estatal sólo representa una mitigación al problema de la creciente demanda del diésel, en realidad se reemplazaría el 20% de las importaciones solamente, lo que no compensa el costo de producción.

El investigador, señaló que el proyecto de la planta de bioldiésel se hace a la ligera, no existe un estudio del gobierno sobre la factibilidad técnica y los impactos económicos, sociales y ambientales de esta inversión estatal “Al producir biodiesel de segunda generación el impacto es menor que si se utilizara aceites de soya; asimismo, los cultivos vegetales son cíclicos y, en el caso de la Jotropha Curcas, crece en suelos no aptos para otros cultivos. Sin embargo, reunir 450 mil m3/año de materia prima, requerirá sembrar otro millón de Has, más maquinaria (o sea más diésel), herbicidas, y fertilizantes, antes de empezar a producir el biodiesel” (Francesco Zaratti).

Es decir, la producción de biodiésel implica utilizar mucho más diésel antes de recibir cualquier beneficio por la producción de su versión “sostenible”. Si bien, no existen tierras disponibles para implementar los cultivos que serán necesarios (Jotropha Curcas) para producir el biodiesel; se recurrirá a la deforestación. El panorama de la subvención no sólo es poco factible en ese contexto, sino que también nos invita a repensar el consumo de diésel; la disminución de la productividad de diésel puede generar una mejor productividad en la mina, por ejemplo; aunque lo más importante es que la no dependencia a la subvención del diésel, evita un panorama de pacificación política, donde los gobiernos de turno sean los que administren el beneficio político de sectores más o menos favorecidos.

Finalmente, el foro concluyó con las reflexiones del Director Ejecutivo de Fundación TIERRA, Gonzalo Colque, quien resaltó la crisis económica en curso, en la cual comienzan a emerger distintos actores beneficiarios, donde el sector agroindustrial es un intensivo en capital y no un sector que genere empleo; lo que merece una amplia reflexión y un exhaustivo análisis de todos los bolivianos y bolivianas.