Experiencias amigables con el medio ambiente destacan en prácticas agropecuarias sostenibles en Bolivia

El uso de bioindicadores para prever el comportamiento de la lluvia; la fertilización del suelo sin agroquímicos; y la mantención del equilibrio entre la agricultura y la ganadería son algunas de las prácticas ambientales que destacan en la producción de trigo en Mojocoya (Chuquisaca); de leche en Tiahuanacu (La Paz) y de ganadería en la Tierra Comunitaria de Origen (TCO) de Lomerío (Santa Cruz), respectivamente. Estas destrezas están contenidas en el informe denominado “Caminos Alternativos. Estudios de casos de prácticas agropecuarias sostenibles”.

 

trigo chuquisaca

Fotografía: Campos de trigo en el municipio de Mojocoya.

En el primer caso, referido al conocimiento de bioindicadores, los agricultores pequeños y medianos de Mojocoya señalan que los abuelos y padres les enseñaron a observar las flores en medio de la vegetación e interpretar el trinar de las aves para predecir el comportamiento de las lluvias. 

Consideran que el año agrícola es bueno cuando llueve suficientemente entre los meses de enero a abril, haciendo posible que el rendimiento del trigo alcance entre 20 a 25 qq/ha. Mientras que cuando existe poco o nada de lluvia, el año es considerado malo, especialmente cuando el rendimiento promedio ronda los 10 qq/ha. Los agricultores, para iniciar el cultivo del trigo, generalmente se guían por las primeras lluvias, lo que aplica también para otros cultivos, como papa, maíz y amaranto.

“El cultivo del trigo requiere dedicación y especialización. Desde niños hemos aprendido junto a nuestros padres y hemos participado en diferentes charlas y cursos talleres con ingenieros. Entendí que debemos cuidar los suelos, nunca debemos dejar el suelo pelado, siempre tiene que estar protegido con hierbas o materia orgánica”, señaló Nicolás Velásquez, de la comunidad Yacambe.

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Fotografía: Mujeres del altiplano a cargo del arado.

En el caso de las experiencias de las unidades productivas lecheras de Tiahuanacu, el informe resalta que éstas conservan prácticas del conocimiento ancestral referido al cuidado del suelo, por ejemplo, mediante la fertilización tradicional empleando el abono animal. No se usa agroquímicos para la producción de forraje y, también, se realiza la rotación de cultivos para evitar la compactación. La producción de forrajes está sujeta a las épocas del año, existiendo abundante forraje de buena calidad durante la época de lluvias. En cambio, durante la época seca (invierno) los forrajes verdes desaparecen por completo.

Por eso muchas familias comenzaron a construir heniles y realizar ensilajes para la conservación de forrajes y todos los desechos vegetales que se pueden aprovechar. En todas las comunidades se ha introducido forraje mejorado, especialmente alfalfa tipo ranger, avena forrajera y cebada.

Asimismo, para devolver la fertilidad al suelo en Tiahuanacu, utilizan bioinsumos como el bocashi, que proviene de la descomposición de residuos vegetales y animales en presencia de aire, donde se emplean ciertos materiales que permiten acelerar el proceso.

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Fotografía: Ganado en el municipio de Lomerío.

Finalmente, en el caso de los pobladores de la TCO Lomerío se describe el sistema de manejo semi-intensivo de la tierra, que todavía es muy poco utilizado por las familias debido a los altos costos de inversión en infraestructura. Se necesita campos cerrados con alambrados, pastos cultivados y con fuentes de agua. Con este sistema los productores tienen un mejor control del ganado, de los ciclos reproductivos, control de peso y controles sanitarios, pero requiere una mayor cantidad de mano de obra e insumos fitosanitarios.

Es importante remarcar que en las comunidades chiquitanas, este sistema semi-intensivo, aún no está completamente desarrollado y consolidado, por lo que existe deforestación y degradación de los bosques, aunque en menor escala. El avance de la ganadería no sustentable, el pirateo de madera, entre otros, son responsables de la pérdida de biodiversidad y servicios que brindan los ecosistemas (servicios ecosistémicos).

El documento, que también analiza la sostenibilidad económica y social en todos los casos, tiene el objetivo de promover la agricultura sostenible de los pequeños campesinos e indígenas y contempla una serie de observaciones y recomendaciones que pueden ayudar a promover esta forma de producción. Descargar documento