Tomar por las astas el “modelo de desarrollo cruceño”

Publicado por Página Siete en fecha 23/04/2022

Suscitó varias reacciones un comentario breve que escribí hace poco sobre el libro “Modelo de desarrollo cruceño”, publicado por IBCE (2021). Pero más allá del comentario mismo, las reacciones están exteriorizando el interés de la gente por hablar sin mucho rodeo sobre el modelo productivo cruceño. En gran medida, el libro no pasa desapercibido gracias al sugerente título que lleva. Carlos Hugo Molina, un reconocido cruceño de amplia trayectoria, publicó una de las reacciones lanzando algunas pautas y pistas que no merecen caer en saco roto.

soya santa cruz

Primero, Carlos Hugo hace notar que el título del libro transmite un “mensaje erróneo” y provoca un “falso debate”. Sobre lo primero, no podría estar más de acuerdo con él. Al inicio, el texto promete descifrar el modelo y sus factores de éxito; sin embargo, acaba siendo una exaltación adjetivada del “alma y espíritu cruceño”. El mensaje erróneo no se limita a la portada, sino que está enunciado en los objetivos.

Segundo, Carlos Hugo subraya la importancia del Plan Bohan de 1942 para ampliar el debate más allá del libro en cuestión. Esta acotación es un acierto, no solo para efectivamente situar Santa Cruz en su debido contexto histórico, sino para reorientar el modelo cruceño que acaba reproduciendo los males extractivistas de las minas. El Plan Bohan está por detrás de la producción nacional de azúcar, arroz, aceites y carnes, con lo que Bolivia redujo su dependencia de los alimentos importados. También avizoró la infraestructura caminera Cochabamba-Santa Cruz que transformó estructuralmente la economía y la demografía nacional. Incluso la industrialización de Santa Cruz fue concebida como un postulado clave del Plan para superar el rentismo minero y transitar hacia la diversificación productiva.

Tercero, la reorientación del modelo cruceño es una cuestión crucial, tanto por haberse distanciado en las últimas décadas de los postulados iniciales del Plan Bohan, como por haber descuidado la sostenibilidad del desarrollo regional. A pesar de algunos avances en diversificación productiva e industrialización, Santa Cruz está reproduciendo y expandiendo peligrosamente el modelo extractivista. El sector agroexportador tiene este carácter y su inserción al mercado internacional es frágil sin los altos precios y subsidios estatales. El boom soyero produjo retrocesos en la diversificación productiva y la degradación de los suelos empeora con los años.       

A nivel departamental, “el modelo cruceño” no frenó la reproducción de las élites, lo que significa que las formas rentistas siguen siendo parte de las formas fundamentales de creación de la riqueza. La persistencia de la élite rentista es una muestra concreta de que el modelo de desarrollo no es de tipo capitalista, sino uno que atrofia las potencialidades productivas y ensancha las brechas de desigualdad. En consecuencia, las mayorías cruceñas acaban sumándose al capitalismo escuálido y periférico que se gesta en pequeños emprendimientos sin los mismos privilegios que el sector extractista.  

Santa Cruz haría bien en repensar su “modelo” tomando ventaja estratégica de la migración interna. Los flujos migratorios generan flujos económicos porque una parte significativa de los ahorros y capital generados en otros departamentos están siendo invertidos en Santa Cruz. Varias empresas se mudaron a la capital cruceña escapando de los bloqueos y marchas que paralizan La Paz. Pero si Santa Cruz gestiona estos flujos sin brújula, los resultados pueden ser contraproducentes, como los avasallamientos causados por la compra ilegal de tierras con las ganancias de los cocaleros del Chapare.

Carlos Hugo concluye invitándome a conocer de cerca esta realidad. Aunque hace más de tres años radico en la capital cruceña, víctima de los mosquitos y recorriendo las provincias, hay que admitir que Santa Cruz es extenso y atraviesa cambios cuyo ritmo es difícil de marcar. El modelo cruceño es de importancia nacional, por lo que todos deberíamos aportar a la construcción de una agenda de diálogo permanente.

 

*Gonzalo Colque es investigador de la Fundación TIERRA.